Sobre mí:

Esta historia no es la historia de mi vida, pero es la que ha marcado un antes y un después, sobre todo, en este mundo de caos, donde lo que menos importa y menos nos paramos a pensar es que estamos VIVOS.

Han sido dos años de intenso dolor, dos años sin poder levantarme de la cama, dos años sin poder hacer mi vida normal. Ves como cada día puedes hacer menos, tu vida se limita y te sientes impotente por no poder hacer nada. Entras en una monotonía y en un bucle, e intentas buscar algo que te suba la autoestima y te ayude a tirar para adelante, como buscar cualquier actividad, entretenimiento para despejar la mente, cualquier ayuda (rehabilitación, especialistas…) y esperas y esperas hasta que te mentalizas que la única solución es la cirugía.

Los últimos meses antes de la operación te sientes contenta porque todo pronto va a acabar, vas a volver a ser la persona que eras antes y va a terminar esa pesadilla. Mi pesadilla era una hernia discal cervical, como muchas personas pueden tener, pero la mía crecía a velocidad de vértigo hasta degenerarme los discos, pinzarme las raíces nerviosas de todas mis extremidades y llegar a mi médula ósea, creando osteofitos,

Llega el día de la operación, una operación en la cual me van a poner una prótesis adaptable. Salgo del quirófano sin esa prótesis. Me practicaron otra técnica antigua que consiste en extraer un injerto de hueso de la cadera, concretamente de la pelvis (cresta ilíaca) para colocarlo entre ambas vértebras. Dos operaciones en una, a la cual más dolorosa. Recuperación no muy buena, casi sin poder andar, comer, con vértigos, angustia, dolor en el pecho… algo me decía que iba mal.

Acudo al hospital de nuevo. El hueso colocado en la cervical se salió completamente de la columna en dirección a la garganta.

Dicen que mi experiencia es una teoría que sólo está en los libros de texto de medicina, pero que concretamente, ese 1% me tocó a MÍ.

Había que operar de nuevo, de urgencia. La ciencia no es exacta y tampoco lo iba a ser yo. Esta vez sin fiabilidad, sin garantía, sin saber lo que esperar ni cómo quedar (vegetal, daño en el esófago, daño en algún nervio a cualquier nivel, infección, tetraplejia…)

Tu mente da vueltas. Días muy difíciles. Llega el día de la operación y lo único que quieres es que pase todo de una manera u otra, igualmente nadie te prepara para estas situaciones.

El injerto de hueso ocasionó una gran infección y me rompió una vértebra, la cual tuvieron que extirpar por completo y colocar un cilindro de titanio, una placa y 4 tornillos, la cirugía más invasiva de columna vertebral, lo que se llama una corpectomía o corporectomía.

Ante tanta tristeza, hubo un rayo de luz, quizá fue mi fe, mi esperanza, no lo sé… pero salgo del quirófano hablando, moviendo los brazos y piernas y sobre todo, VIVA. Todavía me espera una intensa recuperación, quizá un año, o quizá hablar de tiempo sea lo menos preciso ahora mismo. Mi columna no es la misma, ni siquiera lo soy yo, pero quiero que tengáis en cuenta que en todos estos momentos, jamás perdí la calma, jamás perdí la esperanza; lloraba, si, pero me levantaba aún con más fuerza; luchaba y jamás, jamás, perdí la SONRISA.

Durante un año, cada uno de los 365 días en los que me levantaba eran un reto para mí. Y así fue cómo, por fin, conseguí remontar y ganarle la partida a esta pesadilla. Algo que resultaba imposible lo convertí en posible gracias a mi esfuerzo y lucha.

Después de un año, me di cuenta de que esta historia no era «mía» sino de un conjunto de personas que querían que creyese en ella, pero en realidad distaba mucho de la verdadera, por eso mi lucha también fue de investigación. El injerto de hueso no sólo había roto una vértebra, sino mitad de otra y mitad de otra más. El cilindro colocado estaba impactado en el cuerpo vertebral y estaba frenado por los tornillos que atravesaban la vértebra, los cuales no estaban atornillados por completo, la fusión ósea no se había producido y mis movimientos diarios podían hacer que todo fallase y que todo el sufrimiento y esfuerzo no sirviera para nada…poniendo mi vida una vez más en peligro

Justo en ese momento, te ves, otra vez, en medio del caos… y lo que parecía el final de una historia se convierte en el principio de otra…

Lo único que prometo es que tendrá un final, no se cuando, pero lucharé por él y entonces será cuando mi verdadera historia saldrá a la luz, aquella historia que todos escondemos por miedo, pero que a veces necesita salir a gritos para avisar al resto del mundo…