Mala praxis de artrodesis cervical

CUANDO TU FUTURO DEPENDE DE LA SUERTE…

En el post anterior conté mi mala recuperación de artrodesis cervical tras mi operación sorpresa, pues bien, en este post contaré algo que a día de hoy me cuesta mucho recordar: la mala praxis de artrodesis cervical y cómo a consecuencia de ella tuve que volver a pasar por quirófano en menos de una semana. No se trata de dar a entender que esta técnica, la artrodesis, no sea buena, para los que me estáis leyendo ahora, quiero exaltar que se trata de todo lo contrario, una de las mejores, pero desafortunadamente la suerte no estuvo de mi parte…

Cicatriz de injerto óseo de cadera

Antes de nada, me gustaría que vieseis la evolución de mi cicatriz de injerto óseo de cadera, la cual evolucionó favorablemente, no todo iba a ser malo.

 

 

 

 

 

 

  • En la segunda imagen podéis ver cómo mi cuerpo expulsó un punto intradérmico, a lo cual yo me asusté bastante, hasta que descubrí que esto puede ocurrirte y sólo tendrás que esperar a que se te caiga solo.

Mala praxis de artrodesis cervical y sus consecuencias

Estaba en casa recuperándome de mi operación cuando una noche, después de 7 días de mi alta hospitalaria, empecé a notar síntomas muy parecidos a los que ya había sufrido esos dos años anteriores antes de la operación: presión en la espalda con dolor desde el cuello hasta el coccix, dolor en los brazos y piernas, casi sin poder andar y un dolor extraño en la garganta al tragar…lo único que pude hacer en ese momento fue acostarme en la cama, quitarme el collarín y llorar y llorar como lo llevaba haciendo cada mañana desde mi intervención, lloraba de dolor pero también lloraba de decepción, de rabia y de impotencia porque mi corazón sabía que algo iba mal, pero mi mente no lo quería aceptar…

Al día siguiente era sábado, seguía igual, así que decidí acercarme al hospital central de mi región, no al concertado donde me operé. Estaba muerta de miedo, por lo que pedí que me viese un neurocirujano de urgencias. Lo primero que me hicieron fue una radiografía y una neurocirujana muy amable me atendió. Le expliqué todo mi proceso al detalle, sorprendiéndose de mi historia y afirmándome que nunca se había encontrado con una situación en la que no se encontrase con la prótesis adecuada al paciente y afirmando también que las prótesis se pueden medir previamente, añadiendo que lo normal en los casos de optar por la técnica de artrodesis, es colocar una placa, aunque no es obligatorio. Pero eso no es lo que importaba, lo importante en ese momento era que en la radiografía se veía como el injerto de hueso cogido de la cadera se había desplazado totalmente fuera de la columna hacia delante, justamente a la garganta.

En la fotografía que muestro a continuación, podéis ver el injerto de hueso bien colocado entre vértebra y vértebra, el mío, aunque no lo pueda enseñar, estaba totalmente fuera y las vértebras al no tener sujeción entre una y otra, se aproximaron entre ellas. Mi reacción fue llorar y llorar ante la doctora cuando me dijo que habría que operar de nuevo, no entendía nada y, por supuesto, me negaba totalmente a volver a pasar por una situación parecida a mi primera operación.

Salí de la habitación hacia la sala de espera, me senté y empecé a mirar hacia el norte, las lágrimas corrían por mis mejillas, no importaba que la sala estuviese llena, en ese momento solo existía yo y mi impotencia de no poder hacer nada. No sabía cómo contarle aquello a mis padres, hubo un momento en el que pensé que lo mejor era que no lo supieran, pero era imposible… UNA NO SABE LO FUERTE QUE ES HASTA QUE SER FUERTE ES SU ÚNICA OPCIÓN.

Más tarde me realizaron un TAC, en el se veía como el hueso estaba en descomposición casi en mi garganta y una parte de él tocando mi vértebra c6, por lo que la doctora decidió ingresarme. Me cogieron una vía en el brazo izquierdo y me dieron un pijama, me acostaron en la que sería mi cama los próximos 10 días y me administraron morfina, esa noche estuve sin cenar por si tenían que operarme de urgencia. Me subieron a una habitación y siguieron cambiándome las bolsas de morfina en cuanto terminaban. Al día siguiente el efecto de la morfina en el cuerpo hizo que vomitase 7 veces, pero yo seguí cogiendo fuerzas y comiendo como si nada hubiese pasado, no quería estar débil y sobre todo, tenía una enorme sonrisa.

  • El primer día me cogieron una vía en la flexura del brazo, en estos casos aconsejo doblarlo lo menos posible para alargar cuanto antes el cambio de vía a otra zona.

 

LUNES

En los hospitales, el primer día de cada semana los especialistas de cada planta, es decir, el equipo de neurocirujanos, presidido por el jefe de neurocirugía, se reúnen para hablar de casos graves o de importancia para dar la mejor solución al paciente, pues bien, ese era mi caso.

Ese lunes a las 8:00 de la mañana se reunieron para hablar de mi y a las 9:30 de la mañana tenía en mi habitación a 4 neurocirujanos algo preocupados y muy inquietos. Yo sabía que algo pasaba, y pregunté y pregunté esa pregunta famosa de la cual esperas una respuesta tranquilizadora: -¿me voy a quedar bien?, en ese momento, cuando ninguno te responde, se miran entre ellos y su única respuesta es: NO LO SABEMOS, todo tu mundo da un vuelco, todos tus planes, todas tus ilusiones, todos tus sueños no tienen sentido, todo pasa a un segundo plano y solo te queda la opción de SER FUERTE. Les lloré mil veces pidiéndoles que me operara el mejor, explicándoles que era jóven, que no podía quedarme así. Ellos intentaron no perder la calma, me explicaron que me operarían al jueves siguiente; que cualquiera de los neurocirujanos que me operase tendría la enorme responsabilidad de que toda fuera bien, de intentar reparar aquello que me había sucedido y sobre todo, de operar algo que nunca habían hecho hasta ahora.

Al entrar al quirófano podrían suceder dos cosas: daño en el esófago, estado vegetativo, no hablar; o daño a cualquier nivel nervioso, lo cual podría causar tetraplejia o paraplejia. Y tu te encuentras allí, con tus 26 años y con toda una vida de sueños por delante, escuchando esas palabras tan duras….recuerdo como una enfermera me trajo una tila y cómo la gente me hablaba, pero en mi cabeza solo eran murmullos, mi mente estaba ocupada, mi única misión era: QUEDARME BIEN.

Me dijeron que no podía levantarme de la cama hasta el día de la operación, tenía un hueso en la garganta y andar podría agravar la situación, y por si fuera más tranquilizador, en 30 años de trabajo nunca se habían encontrado con un problema así, sería la primera vez en operar un caso como el mío.

Los días siguientes: MARTES Y MIÉRCOLES me propuse una sola cosa: NO LLORAR. En primer lugar no quería hacer daño a la gente que me quería y en segundo lugar, no iba a conseguir nada con ello. Así que decidí hacer felices a los míos y demostrarles que estaba genial, aunque por dentro la pena y la tristeza me consumían…

 

 

 

 

 

 

 

 

En el siguiente post explicaré él día decisivo, mi segunda operación y cómo desperté de aquel trauma…

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Julia Jiménez
Julia Jiménez

¡Hola! Me llamo Julia, tengo 27 años y he sufrido de hernia discal cervical durante dos años.
Me gustaría compartir mi experiencia y mi vida antes y después de mi diagnóstico y operaciones. Ha sido un gran cambio mental y físico, aún lo está siendo, pero con la sonrisa más fuerte que nunca. Voy a compartir con vosotros cada momento de mi enfermedad y mi día a día, porque confío en que todo saldrá bien.

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¡Hola! Me llamo Julia, tengo 27 años y he sufrido de hernia discal cervical durante dos años.
Me gustaría compartir mi experiencia y mi vida antes y después de mi diagnóstico y operaciones. Ha sido un gran cambio mental y físico, aún lo está siendo, pero con la sonrisa más fuerte que nunca. Voy a compartir con vosotros cada momento de mi enfermedad y mi día a día, porque confío en que todo saldrá bien.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Julia, la tila te dije yo que si la querías…y esa foto con tu padre tuve la suerte de hacerla yo.
    Lo que cuenta y como de llorar pasó a reírse es todo verdad, yo estaba en la misma habitación que Julia acompañando a mi madre.
    Como sacó fuerzas y remontó después de todo lo que dijeron los neurocirujanos.
    ¿De donde se puede sacar tanta fuerza en esos momentos?
    Ella lo hizo y tiene una familia maravillosa apoyandola en todo.
    Aunque no lo creas Julia por todo lo que estás pasando, tienes mucha suerte de ser como eres y de tener a esos padres tan geniales y a ese chico maravilloso que el pobre casi no lo escuche hablar pero su cara lo decía todo. Lucha por ti y por la gente que tienes, sin duda una familia alegre y estupenda.

    1. Es verdad, tienes razón Flori, la tila me la diste tu, con tanta medicación y cambios me he confundido. Muchas gracias por estas palabras, me han llegado al alma. TÚ Y TU MADRE fuiste un pilar muy importante también en esos días tan duros…me sacasteis una sonrisa sonde no la había y se pasaron los días mucho más amenos. Gracias por ser como eres y ojalá y nos veamos muy pronto. Un beso y un abrazo muy fuerte 🙂

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